Un día de mi diario

27 de enero de 1964



7h. 30m. am

El estridente y ensordecedor pitido de D. Luis penetra en lo más profundo de mis oídos; de repente franquea la puerta de la habitación y enciende las luces. Julio se levanta raudo y veloz y abre las contraventanas. Los cristales tienen una gruesa capa de hielo, el vaho de nuestros alientos se ha congelado. Separo el embozo y asomo la cara, el frío me fustiga el rostro, a través de la ventana veo como reluce la gibosa luna creciente, los tejados están cubiertos de una espesa escarcha, como si la noche hubiera extendido sobre ellos un manto de plata. Las chimeneas dejan escapar hilos de humo que ascienden hacia el pálido cielo del amanecer. El pueblo entero parece suspendido en una calma inmóvil y serena. La luminosidad de Selene impregna la habitación cuando apagamos las luces, dentro de dos o tres días tendremos luna llena.

Después de una breve e intensa pandiculación, bostezo y me incorporo, me quito el pijama y empiezo a vestirme, todas las ropas están intensamente frías, al contacto con mi cuerpo no puedo evitar un escalofrío, los calcetines no necesito ponérmelos, he dormido con ellos porque hace un frío… Una vez vestido corro por el pasillo para encontrar un váter limpio que no haya sido usado esta mañana, me aseo rápidamente y me seco con la toalla para remediar el frío del agua. También me lavo los dientes y me peino. Vuelvo a la habitación y recojo el pijama, las camas quedan revueltas, vendrán unas señoras y nos las harán. Nuevamente D. Luis toca el silbato, carreras por los pasillos y los clásicos gritos de ¡un minuto! ¡un minuto! ¡un minuto! para evitar que nos cierren la puerta del dormitorio.

En fila, a través de los largos pasillos nos dirigimos a la iglesia para celebrar la santa misa, todavía, si cabe, en la capilla hace más frío que en los dormitorios.

Acabada la misa subimos al comedor para desayunar. Como todos los días, café con leche y una pasta. La mayoría vamos directos a buscar nuestro bote de Cola-Cao, del que añadimos dos o tres cucharadas a ese brebaje y así al menos tiene algo de sabor y nos calienta el gaznate. Acabado el desayuno, a la calle. Nos apostamos a la solana del colegio, vemos pasar a las alumnas del instituto que vienen de los colegios de las ursulinas y las clarisas, acompañadas y vigiladas por la Teo. Todas en fila ascienden por una puerta lateral a sus aulas. Nosotros nos reunimos en el patio delante del Colegio, alrededor del busto del capitán Arenas, y nos distribuimos por cursos. Empiezan a llegar los alumnos externos. Unos llegan andando, otros en bicicleta desde los pueblos cercanos, ninguno puede disimular el frío que les atenaza, sobre todo los que han venido en bici.

D. Jesús vive en la otra punta del pueblo, creo que por el barrio morisco o judío. Cada mañana para peinarse se moja el cabello, pero estos días de frío despiadado, cuando el termómetro parece rendido a los caprichos del hielo, convierten ese acto cotidiano en una extraña metamorfosis. Apenas ha recorrido unas calles, el agua de su pelo comienza a cuajar en diminutas agujas de escarcha. El aliento se ha hecho vaho espeso frente a su rostro y las pestañas se le han perlado de cristales trasparentes. Paso a paso, el negro de su cabello desaparece bajo un manto blanco hasta quedar cubierto por la fina capa del invierno. Cuando lo veo me parece que el frío, con manos invisibles, ha acelerado de repente el reloj de la vida, en el breve trayecto de una mañana lo ha envejecido cuarenta años. Su cabeza completamente blanca me recuerda la de los ancianos que se sientan al sol en primavera.

En fila nos incorporamos a nuestras aulas. Al entrar nos acercamos a la estufa para reconfortarnos un poco.

9h. 00m. am

D. Carlos Baylin, puntual como cada mañana, nos da los buenos días, divide la pizarra en tres partes y me saca a la palestra, junto con otros dos compañeros, para resolver ecuaciones de segundo grado que nos ha explicado el día anterior. Nos felicita, los tres hemos resuelto bien los tres tipos de ecuaciones: una, con soluciones reales; otra, con una solución doble y la mía que no tenía solución. D. Carlos se acerca a la ecuación que he resuelto y nos dice que al curso próximo sabremos resolverlas porque las soluciones son números complejos.

Suena el timbre, la clase ha finalizado. Entra el conserje para borrar la pizarra, pero Manolo ha sido más rápido, la ha dejado impoluta, intentando en todo momento que el polvo de la tiza impregnase la silla del profe.



10h. 00m. am

Clase de literatura. Nos toca la generación del 98. El profesor nos habla de D. Ramón María del Valle Inclán, nos explica el término esperpento y nos dice que don Ramón es un verso aparte de los demás del 98. De él decía el dictador Primo de Rivera que era un “eximio escritor y extravagante ciudadano”. Nos dice que por edad pertenece a la generación del 98 pero ideológicamente está más en consonancia con la del 27; Rafael Alberti, Federico García Lorca, Jorge Guillén, y todos los demás, admiraban profundamente a D. Ramón por su espíritu vanguardista, por la creación del esperpento y por su independencia intelectual y artística.

D. Ramón siempre estuvo fascinado por el toreo, lo consideraba una expresión artística comparable con el teatro. El valor, la tragedia y la dimensión ritual de la lidia encajaban con su concepción estética de la vida.

Valle Inclán era amigo y admirador de Juan Belmonte. En cierta ocasión le dijo al torero “lo único que te falta para ser perfecto es morir en la plaza”, a lo que Belmonte le contestó: “se hará lo que se pueda D. Ramón, se hará lo que se pueda”. Se le consideró un torero intelectual, leía a Marcel Proust, Gustave Flaubert y otros escritores franceses.

Joaquin Miranda, quien llegó a ser gobernador civil de Huelva, había sido rehiletero del Pasmo de Triana, (apodo con el que se conocía a Juan Belmonte García). En un festival benéfico al que asistió Belmonte en la capital onubense, alguien le pregunto si era verdad que el gobernador había sido banderillero en su cuadrilla, el torero contestó que efectivamente así era; ¿Cómo es posible eso?, insistió su interlocutor, a lo que Belmonte, con su incipiente tartamudez, contestó: “ Po… po…, cómo va a ser, de... de... degenerando”.

La generación del 27 estuvo también muy unida al toreo. El diestro Ignacio Sánchez Mejías, cuñado de Joselito y Rafael el Gallo, fue amigo de todos ellos y el mecenas del Homenaje a Luis de Góngora celebrado en Sevilla en diciembre de 1927, acto que dio nombre a esta generación.

Rafael Alberti llegó a hacer el paseíllo con la cuadrilla de Sánchez Mejías, vestido con traje de luces, el 3 de julio de 1927 en la plaza de Pontevedra.

El 11 de agosto de 1934, Sánchez Mejías fue cogido por el toro Granadino en la plaza de Manzanares, fallecería dos días después a causa de una gangrena gaseosa provocada por la cornada. Lorca transformó el dolor por la muerte de su amigo en una de las cumbres de la poesía española del siglo XX, el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde

Suena el timbre ¡Qué pena! Con lo interesante que era la clase.



11h. 00m. am.

Nos dirigimos a buscar el bocadillo de chorizo de media mañana. Nos protegemos a la solana del muro del instituto, junto a la puerta del bar Molina. Hoy ha dicho el Sr. Moya que no será un día especialmente frío, la mínima ha sido de -3ºC y la máxima llegará a +6ºC. Evidentemente, comparado con el martes 17 del mes pasado cuando la mínima bajo a -28º C y la máxima solo ascendió a -8º C, hoy es un buen día. Jamás había pasado unos fríos tan intensos como la semana del 16 al 20 de diciembre del año pasado. El viernes 20 de diciembre de 1963 nos fuimos de vacaciones de Navidad. A las 7 de la mañana cogí el autobús y llegué a mi casa a las 8 de la tarde. Fue un viaje gélido, estuve congelado todo el día, un frío penetrante me invadió, y solo cuando llegué a mi casa y me abracé a la estufa pude por fin entrar en calor.

Estamos un grupo alrededor de Jaime, es un entendido de los Beatles, nos dice que en estos días el grupo está actuando en el Olimpia de París y compartiendo escenario con Silvie Vartan, su sencillo Want to Hold Your Hand ha alcanzado el número uno en EEUU. La beatlemanía se extiende rápidamente por toda Europa.

Quedamos que el domingo por la tarde iremos al casino y si nos dejan entrar podremos ver el Teledomingo porque a las 6 de la tarde hay Escala en Hi-Fi y si hay suerte, en playback y con imitadores, podremos escuchar a los Beatles y quizás a Cliff Richard, a Adamo y a Paul Anka.



12h. 00m. Media mañana

Clase de historia. Alianza estratégica: Francia en medio de la guerra de los Cien Años apoyó a Enrique de Trastámara contra Pedro I que era aliado de Inglaterra. Para este fin se desplaza el caballero mercenario Du Guesclin desde la ciudad bretona de Dinan con sus huestes. Tras la derrota de Pedro I en Nájera, Du Guesclin hace prisionero al monarca y ante su hermano Enrique comienzan a luchar, parece ser que de aquí viene la famosa frase: “No quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”, atribuida al mercenario.

Fin de la clase. Suena el timbre.



1h. 00m. pm.

Clase de Gimnasia.

Nos dirigimos al gimnasio. La temperatura es gélida y nos frotamos las manos. El profesor va vestido con traje y nosotros con la ropa normal de cada día. Formamos en filas de a dos, hacemos unos movimientos militares: izquierda, derecha, a cubrirse, etc. Corremos dando vueltas por el gimnasio y salimos al patio interior, entramos un poco en calor; saltamos el potro el plinto, el caballo y trepamos por la cuerda, llegamos a sudar.

Timbre y fin de la clase. Nos espera la comida.





2h. 00m. pm.

Comida: hoy hay acelgas con patatas. Miguel es un cocinero al que conocemos y con quien tenemos cierta confianza; nos acercamos a la cocina y nos echa por encima del plato aceite requemado de los fritos, de esa forma machacamos las patatas y las acelgas y tienen algo de sabor.

De segundo, salchichas y de postre, manzana reineta.

Vuelta a la calle. Algunos que tienen dinero han comprado un Celtas y nos ofrecen unas caladas. Entramos al Ladis para esquivar un poco el intenso frío.



3h. 00m. pm.

Clase de FEN. El profesor escribe en la pizarra con letras inmensas “XXV AÑOS DE PAZ”. Nos dice que el 1 de abril de 1939 acabó la guerra civil española. Franco emitió el último parte de guerra: “Cautivo y desarmado el Ejército Rojo, las tropas nacionales han alcanzado sus últimos objetivos militares, la guerra ha terminado”.

Este año se celebrarán 25 años de paz. España ha pasado después de la destrucción de la guerra a una etapa de prosperidad y modernización. Os encontraréis mucha información en los Nodos y en los Telediarios. Nos dice que D. Manuel Fraga Iribarne es el ministro de Información y Turismo y el promotor y artífice de estos hechos.



4h. 00m. pm. Última clase

Francés.

La profesora nos hace leer unas frases, entre ellas Il est constipé depuis trois jours, traducimos y observamos que constipé no es constipado sino estreñido y nos hace gracia. La profesora ha traído un tocadiscos y nos hace escuchar una lección: la classe est grande, a gauche la fenêtre, en face le tableau noir…



5h. 00m. pm.

Recreo. Subimos a por la merienda y a la calle otra vez. A las cinco y media de la tarde el frio de enero se adueña de las calles. Ya casi nadie deambula, vemos pasar al Mudo una vez más, el lubricán vespertino hace su aparición, ese momento incierto entre la tarde y la noche en que el cielo pierde poco a poco su claridad. El bullicio del día se va apagando y nosotros a las 6 p. m. subimos en fila al estudio.

Hoy está de vigilancia D. Miguel, así que las dos horas de estudio serán un poco más llevaderas, podremos hablar entre los compañeros de pupitre. Miro el horario para mañana, tendremos matemáticas, física y química, latín, geografía y, por la tarde, dibujo y religión. Hago los deberes, una traducción de francés, otra de latín, y estudio la lección del vitriolo. Las demás tareas las había hecho el fin de semana.

Falta una hora para que finalice el estudio así que voy a escribir una carta a mi abuelo, hoy es su cumpleaños, nació el 27/1/1888, así que hace 76 años. Aunque con retraso, voy a mandarle una carta de felicitación.

Querido abuelo, espero que al recibo de la presente se encuentre bien, yo bien gracias a Dios.

En primer lugar, felicidades por su 76 aniversario, aunque con retraso no lo he olvidado; debería haber escrito antes la carta para que hoy la tuviera en sus manos, pero hasta este momento no he tenido tiempo de hacerlo. No voy a escribir como un pendolista, pero voy a hacer una bonita letra para que la pueda leer bien.

Estoy muy contento en el colegio, a pesar del frío terrible que se pasa aquí, he hecho amigos con los que me llevo muy bien y nos ayudamos los unos a los otros, cuando alguno tiene un paquete de casa lo comparte con todo el grupo. El trozo de jamón que la abuela me dio cuando volví de las vacaciones de Navidad estaba muy bueno, ya hemos dado buena cuenta de él.

El día 17 fue San Antón, es el primer año que no he visto la hoguera, seguro que fue a verla, en mis oídos resonaron lejanos los cánticos San Antón como era viejo, / le quitaron el pellejo / e hicieron un tambor / que tocaban en Castilla / y se oía en Aragón. Me imagino que como cada año los mozos habrán asado patatas y chorizos en las brasas.

Seguro que ha ido a la misa de la bendición de los animales, seguro también que mi padre ha dado fiesta a todos los caballos y mulas, las ha limpiado concienzudamente, les ha dado doble ración de comida y no los ha hecho trabajar nada de nada. Yo querría llevar a la bendición de los animales al caballo Lucero, un año iremos usted y yo montados en su grupa para bendecirlo

También me he perdido la matanza. ¡Lástima! ¡Con lo que a mí me gusta! Ya le he dicho que dentro de un par de años ha de dejarme sacrificar a uno de los cochinos, he visto como lo hace desde muy pequeño y creo que desempeñaría muy bien la faena. Es usted un buen maestro, descuartizar la canal separando las costillas y recortar limpiamente el espinazo podría hacerlo y con su presencia seguro que me saldría impecablemente.

Sin duda habrá ido al bar para ver “Reportaje de toros” y así saber las noticias de S.M. el Viti y el Cordobés. Esta mañana en clase se habló de toreros, concretamente de Belmonte, y recuerdo que usted me dijo muchas veces que Joselito el Gallo había sido el mejor torero de todos los tiempos, que era amigo y rival de Belmonte y que había sido cogido de muerte en Talavera de la Reina por el toro Bailaor cuando solo tenía 25 años.

Ya habrán quitado los mandiles a los murecos para que cubran a las ovejas y se queden preñadas y empiecen a parir a finales de junio; veré nacer a los corderillos en el verano que ya estaré de vacaciones. Un mes más tarde, rebotaremos a las corderillas y la abuela nos hará un buen almuerzo con los rabos.

Bueno, al final ¿era una paniquesa o una fuina el bicho que mató las gallinas de los vecinos? Gracias que usted es previsor y había cerrado bien los gallineros. Tomás el lucero decía que era una garduña.

Espero poder disfrutar muchos años más de sus consejos y de su compañía. Me gustó mucho la historia de su trastatarabuelo, cuando iba a la viña del Potro Alto a desnietar las cepas y se encontró con dos gabachos que le pidieron un trago de vino de su bota. Se rieron de él porque vestía calzón corto y cachirulo. Los esperó a la vuelta del camino y blandiendo su azadón con un par de certeros mampurrones los traspasó al mundo de las tinieblas. Soltó a su macho Peregrino, el alazán volvió a su cuadra y el trastarabuelo se sumergió en una poza del río y respirando con un carrizo pasó toda la noche; los soldados rastrearon su pista, pero al no encontrarlo abandonaron la búsqueda, al día siguiente el mozo recio de calzón corto y cachirulo volvió a su casa como si tal cosa. Tú que eres su chozno me contabas la historia muy orgulloso. Pienso abuelo que, si su trastatarabuelo se hubiese tirado al monte, como hizo el tío Camuñas, hubiera llegado a ser un héroe de la resistencia contra los franceses e igual que a Francisquete le hicieron un monumento en su honor en la plaza de Camuñas, hoy en nuestro pueblo habría un monumento con el nombre de nuestro ancestro.

Tiene que seguir enseñándome a podar las viñas, como el año pasado cuando estuvimos usted, el tío Trastavillo y yo quitando los nietos de los pámpanos para que las cepas concentraran sus fuerzas en los racimos, recorrimos cepa a cepa y surco a surco bajo el sol abrasador de finales de junio, no me perdí ninguno de los consejos que me dieron y escuché con suma atención los chascarrillos que recordaban, como aquel que le ocurrió al Cepatiesa, que salió de su casa montado en la mula torda, se quedó dormido y la mula volvió a casa sin llegar al tajo. Y el buen Gil que cuando estaba robando cebollas llegó el guarda de la vega y le dijo: ¿Qué haces Gil? Y este le contesto: pues mira, con el viento que hace me he agarrado a una cebolla para que no se me lleve el aire.

Me llamó poderosamente la atención cuando, durante la comida, el tío Trastavillo nos comentó el hambre que se había pasado cuando él era chico. Nos habló del sustanciador, yo nunca había escuchado ese nombre, y nos dijo que cada semana pasaba un hombre que llevaba en unos sacos huesos de jamones, de vaca, carcasas de pollo etc., se anunciaba por las calles del pueblo y las mujeres, en alguna ocasión, compraban los huesos o, las más de las veces, los alquilaban, con estos huesos hacían caldo o los añadían a las verduras para dar sabor. El alquiler se hacía por tiempos, media hora, una hora… eso sí, no podían raspar los huesos ni romperlos. Acabado el tiempo, el sustanciador recogía el hueso para poder alquilarlo de nuevo.

Y ahora, querido abuelo, termino esta carta deseándole de todo corazón que haya pasado un buen cumpleaños. Ya sabe usted que quiero, cuando acabe el bachiller, quedarme en el pueblo y dedicarme al campo, pero cada vez lo veo más difícil, mi padre está empeñado que tanto mi hermana como yo sigamos estudios y lleguemos a la Universidad.

Aunque la distancia nos separe, quiero que sepa que le recuerdo con mucho cariño y que hoy me acuerdo especialmente de usted.

Su nieto, que le quiere y no lo olvida.



Final del estudio, recojo los libros, folios, cuadernos y apuntes dentro del pupitre. En fila, un poco desordenada, nos dirigimos al comedor. Huele a sopa, cuando nos sirven observo que es sopa de cocido con fideos. De segundo, un trozo de tortilla de patatas y de postre, otra vez manzana. Ya estoy harto de tanta manzana.

Del comedor a las habitaciones. En los dormitorios hace un frío que pela, corta la cara y cala hasta los huesos. El ambiente es tan gélido que no se puede aguantar.

Nos desvestimos y nos ponemos el pijama, no nos quitamos los calcetines y algunos compañeros incluso duermen con el pantalón puesto. La cama está helada, al introducirme bajo las sábanas y mantas me recorre un escalofrío de arriba abajo, tengo la sensación de que una fina capa de escarcha ha impregnado las sábanas. Solo el calor del cuerpo, poco a poco, devuelve la tibieza al catre. Este frío invernal es aterrador y eso que hoy no había sido un día muy frío. ¡Cuánto echo de menos el ladrillo caliente que mi madre envolvía en unos trapos y me metía en la cama cada noche!

Pasa D. Miguel y nos apaga las luces, ya no podemos encenderlas hasta mañana.

Nuestra habitación está cabe la de D. Luis así que debemos musitar, hablar bajito para impedir que nos oiga. Comenzamos a hablar de los avatares del día. Como la habitación está completamente oscura, abrimos las contraventanas y Selene entra silenciosa por los cristales y nos envuelve con su tenue resplandor, apenas suficiente para dibujar las sombras, pero basta para poder vernos las caras. Yo comento lo de los XXV Años de Paz que nos han dicho en clase. Julio, que tiene un hermano mayor que estudia en la universidad de Madrid, nos dice que no puede haber paz habiendo presos políticos, habiendo represión y falta total de libertades. Juan nos dice que su padre escucha radio Pirenaica y que dicen que son 25 años de dictadura y 25 años sin libertad. La Radio Española Independiente es muy crítica con esta propaganda franquista.

Julio nos dice que La Codorniz ha publicado “XXV AÑOS DE PAZ Y CIENCIA”, que si se lee de corrido son veinticinco años de paciencia. A raíz de esto le ha dicho su hermano que han cerrado la revista. Y por ello La Codorniz ha publicado una regla de tres que se transmite en todos los corrillos, de vis a vis. Dice:

Almohadín es a Almohadón

como Cojin es a X.

Nos importan tres X que nos cierren la edición.

Acabamos la charla, cerramos las contraventanas y a dormir, que mañana será otro día.