Un conocido periodista de Guadalajara, refiriéndose a la abdicación del Rey, dijo una frase lapidaria: "aquí acaba la transición". Yo también lo creo. Los personajes que la impulsaron o han fallecido o están fuera de la política; el último retiro es el de Don Juan Carlos.
No obstante, desde mi punto de vista queda un poso:  la bandera tricolor. Recuerdo la etapa previa a aquel paso a la democracia; la tensión se notaba en el aire y la atmósfera era densa, anhelábamos el cambio, tratábamos de dar vaselina a los reacios, que eran quienes tenían los fusiles; la consigna era: tranquilos, no pasa nada. Pues bien, siempre había quien sacaba lo que más irritaba: la bandera con el morado. Soliviantaba más a los inmovilistas que la hoz y el martillo, que ya era decir. Porque si algo no se toleraba, era querer revivir el pasado con la excusa de ganar el futuro. 

Como cola de lagartija, regatena en mi pueblo, siguen esos coletazos. La tricolor recuerda y representa no una república para todos, sino la de Largo Caballero, dirigente que tenía en su mente una revolución a la bolchevique y no una abolición de la monarquía. Se deshizo por métodos oscuros de la CEDA de Gil Robles, y sin la derecha republicana la balanza se desestabilizó.

Hoy dicen los  contrarios a  la monarquía que es anacrónica como dinosaurio en un zoo, sin darse cuenta que el anacronísmo es precisamente la tricolor. Hace ese morado más daño en las filas de la izquierda que la misma corrupción. En toda manifestación no organizada por la derecha aparece. También está presente en protestas antisistema y en actos violentos. Alguien en su sano juicio cree que no es hora de pasar página a los años treinta?. Si se quiere una república, vale, pero dejemos las reliquias para los museos y las iglesias.