Después de escuchar diversas opiniones del debate, entiendo menos a los periodistas. Primera cosa, el formato no pudo ser peor, en esto coincido con ellos. Una discusión, donde los interlocutores, atados a tiempos fijos, cortos y sin posibilidad de alzar la voz si hubiera sido preciso, no pienso que dé para explicarse ni para destapar mutuamente las contradicciones.
No creo que la señora Valenciano saliera fortalecida y el señor Cañete derrotado. Ella vino con el discurso socialista del buen samaritano. Mucha igualdad, justicia, defensa de la mujer, amplia ley del aborto, mejora laboral y todo eso que está muy bien cuando lo primordial, que es el pan, está solucionado, pero no con veintiséis millones de parados en Europa, cinco de ellos en España. Él puso cifras sobre el resultado de la gestión del PP e, inevitablemente, hubo de explicar el punto de partida del Gobierno, que no es otro que el estado en que lodejó Zapatero, la ruina.  No es el "y tú mas" ni la herencia recibida, como dicen algunos, es simplemente la realidad, aclarar de qué estamos hablando, repetirlo para que el error de gastar sin echar cuentas no lo vuelva a cometer ni el PSOE ni ningún otro que venga.

En Suecia, la socialdemocracia, con muchos años de hegemonía, dejó el país tan deteriorado que el otrora paraíso social, envidia del mundo, pasó a ser de los que también tienen problemas. Aquellas factorías de acero y la producción de automóbiles legendarios como Volvo y Saab no van mal, pero no son lo que eran.
Se montó una estructura social donde todo era gratis, pero a costa del cincuenta por ciento del salario del ciudadano. Es decir, medio año trabajar para el Estado. La gente  por una parte se artó, y por otra, cuando la coyuntura económica empezó a ir peor, ni  esa cantidad de impuestos daba para sostener el sistema  de "aquí va todo incluído".

Que solo se habló de la política nacional, se dice en los medios. Pues claro, si el debate se hubiera producido en el ruedo de Bruselas con todas las televisiones europeas conectadas, hubiese sido otro el discurso. Pero tuvo lugar en una plaza local, y ambas partes arrimaron el ascua a la sardina de los lugareños. Aún así, el ex ministro dio datos de lo conseguido en temas de pesca, agricultura y viticultura, que es su especialidad. Contratos que se recuperaron y que los socialistas habían dejado pasar. No es extraño, como estábamos en Champeons Leage de la economía, determinados acuerdos con la UE les parecían migajas.

Detalles como que Cañete se quitaba o se dejaba de quitar las gafas. O después si es afortunada o no la frase de no mostrar superioridad frente a una mujer. No es cuestión de que la señora Valenciano sea del género femenino, es que aunque fuera un tiarrón, simplemente sabe menos. Puede ser que en política no solo sea la sabiduría lo que cuenta, que la inteligencia, el don de gentes, la simpatía y el optimismo sean factores determinantes, pero esos dones, yo al menos, no los detecto en Doña Elena.

El cabreo contra el PP se nota que es generalizado, hasta los de derechas lo critican. Los periodistas tampoco están contentos, muchos diarios en los que se ponían anuncios oficiales o de bancos que ocupaban páginas enteras se han visto obligados a despedir personal; cadenas de televisión, ídem; No quieren a los de la gaviota y salen incluso críticas por la libertad de prensa. Está el recuerdo del bienestar, golosina que tardaremos en volver chupar. Pero veremos qué pasa cuando las urnas expresen su resultado. A nadie le gusta que tenga que venir el médico a su casa, cuanto más lejos mejor, se dice, pero que esté cerca, por si acaso. Que volvieran los del clavel y veríamos si no habría que llamar otra vez al médico derechón; a no ser que cambiaran, en cuyo caso no serían lo que son.
La derecha empresarial, la que tiene el capital, lo arriesga (argumenta siempre) y da trabajo también se puede subir a la chepa y abusar del trabajador, en tal caso bienvenidos sean los sindicatos como motor de transmisión de la izquierda (se decía), pero esa derechona ya no es un señor gordo de chistera, sino sociedades donde no es uno solo quien manda y decide. Hoy las normas son otras; el señor Cañete, como hombre de empresa, se supone que lo sabe;  la señora Valenciano, a mi juicio, no dio muestras de saberlo.