Los cenizos televisivos.
El cenizo es normalmente el pesimista, el que, apuro de creer que va a salir algo mal, le sale; quien, siempre depresivo, ve lo blanco negro; en fin, el pobre hombre que es así. Los cenizos televisivos son otra cosa. No es una depresión innata, sino la soberbia de no admitir que sus teorías económicas no parece que se vayan a cumplir. Siempre sometida a la subjetividad y comportamiento social, la economía no es una ciencia exacta. Se intenta predecir, pero es difícil acertar. Nadie debería enrojecer si las cosas no suceden como se creía, no es culpa del previsor. Existe el sentido común, y si la aleatoriedad de las circunstancias no le juegan una mala pasada, se acerca a lo previsto, nada más. Pero el cenizo de turno tiene unos intereses, los suyos, y su lógica es otra. No se puede equivocar, y si ello sucede, cambia la realidad y la convierte en circunstancia. 
No nos engañemos, todos queremos que las cosas se arreglen, pero los que estaban en el Gobierno de antes y los que lo apoyaban no soportan que sea durante este cuando mejoren.
Al ciudadano le debe dar igual quien las arregle, el caso es que lo haga alguien. En tiempos de Felipe Gonzalez hubo un tirón de la economía. El PSOE tenía una mayoría contenta, yo entre ella. Si ahora es el PP quien soluciona la papeleta, dicha mayoría les apoyará, y yo también. Los tiempos dan y quitan.
Nadie dice que la situación esté bien. El paro es inaceptable y los salarios pequeños, algunos bajo el límite de supervivencia.Pero, a mi entender y en contra de los agoreros, las cifras del desempleo han dejado de aumentar, incluso se ve un mínimo descenso, y las cotizaciones a la seguridad social presentan una cierta alza. No es tirar cohetes, sino adquirir algo de optimismo y no pensar que más pronto que tarde acabaremos cortándonos las venas.