El director de la Policía muestra un casco seriamente dañado en la manifestación del 22M. Dentro, dijo, hay que imaginarse la cabeza del agente. Los hechos han quedado atrás, pero la investigación sigue, y con ella, las opiniones. No faltan las de los que hacen hincapié en los errores de la policía, que los hubo, pero eso no disculpa a los violentos salvajes y no se puede omitir que ellos y solo ellos son la causa de lo que pasó, no las fuerzas de seguridad. Y lo peor, algunos de los organizadores fueron a protestar a las puertas de los juzgados, luego que sepan que, como diría José Mota, ser son: también salvajes. Pero, al contrario que el gracioso sketch, en este caso si pasa; si la izquierda no se quita esas pulgas, que no se extrañe si le pican. Argumentos como que los de la capucha son policías disfrazados no solo no cuelan, sino que indican que quienes lo afirman retrasan su reloj al tiempo en que la brigada político-social se infiltraba en las manifestaciones de estudiantes, y eso no solo ya es pasado, sino también una ofensa a la policía actual.